Sabiduría Antigua, Respuestas Modernas

Hacer la diferencia – Sábado, 25 de julio de 2015

Si todos tuviéramos la capacidad de amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos, ya habríamos alcanzado la pureza del ser. Sin embargo, la realidad es que nuestra naturaleza innata es tomar para nosotros y no compartir de nosotros.

Entonces, si nuestra naturaleza es recibir, ¿por qué Dios quiere que demos? Si ni siquiera somos muy cercanos a nuestro prójimo ni sabemos algo sobre él, ¿por qué se nos pide que lo amemos?

La respuesta es sencilla: cuando transformamos nuestra naturaleza egoísta al aprender a amar a los demás tal y como lo hace el Creador, transformamos la oscuridad en Luz.

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