Sabiduría Antigua, Respuestas Modernas

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Un pastor con ropajes de Rey

Una de las cosas emocionante de cuando estudiamos es llegar a entendimiento más nuevo y más profundo de un secreto que hemos estudiado antes. Esta es una de las oportunidades que tenemos en este Shabat de Ki Tisá.

Existe una hermosa historia en el libro del Profeta Samuel I, Shmuel Alef.

Muchos de nosotros sabemos que históricamente existió un primer rey llamado Saúl (Shaul). EL Creador le pidió al rey Saúl que siguiera Sus instrucciones y ayudase a remover la oscuridad de este mundo, que pelease contra Amalek. El rey Saúl, aunque era un alma elevada, encontró su propio camino en lo que él pensó que era sabiduría. A causa de esto, el Creador le dijo que ya no podía ser Rey por más tiempo.

En aquella época, vivía un profeta llamado Samuel (Shmuel), a quien el Creador le pidió que fuese y ungiera al siguiente rey quien se encontraba entre los hijos de Ishay en Bethlehem, todo esto a pesar de que Saúl continuaba con vida y parecía estarse comportando como rey. Ishay tenía ocho hijos, de los cuales había 7 que a él realmente le gustaban, y uno que no le gustaba. Él trajo a los siete hijos y uno a la vez los presentó ante Samuel, pero Samuel continuaba diciendo: “No, Dios me dice que no es ninguno de estos”.

Ishay le dijo a Samuel que entonces se había equivocado, y Samuel le preguntó a Ishay si le había mostrado todos sus hijos. Ishay recordó al hijo del cual se avergonzaba, aquel al que había enviado a ser un pastor de cabras. Llamaron al octavo hijo cuyo nombre era David. Y cuando Samuel lo miró, el Creador le dijo que lo ungiese como rey. Desde el momento en que David recibió esta unción, recibió también Inspiración Divina y una conexión elevada con la Luz del Creador.

Mientras esto ocurría, Saúl, quien era rey hasta ese entonces, comenzó a perder su energía y su júbilo y se deprimió. Así que David fue llamado para que tocase un instrumento e hiciera música para Saúl, quien continuaba sin saber que David había tomado el espíritu del rey que le había sido conferido por el Creador. En cualquier momento en el que David estuviese frente a Saúl, éste se alegraba, sin embargo, Saúl no entendía que esto se debía a que David había recibido lo que él perdió, y así cada vez que Saúl se deprimía, llamaba a David para que tocase su instrumento para él, y David acudía.

A este chico, David, quien había sido completamente ignorado por su familia, le ocurrieron dos cosas maravillosas. Primero, el Profeta Samuel, el líder espiritual de la generación, le dijo que sería el sucesor. Segundo, el rey le dijo que él era la única persona que podía hacerlo feliz. Así que, uno puede imaginarse el tipo de cambio que ocurrió dentro del alma, el espíritu y las emociones de David.

Se dice que el Rey David, en cualquier momento que era llamado ante el rey, iba ante éste, y cuando podía retirarse, regresaba y pastoreaba el rebaño de su padre. ¿Por qué haría esto? ¡David acababa de ser elegido como Rey! Había recibido este espíritu elevado. Su vida había cambiado. Pero él no cambió con el tiempo o con los obsequios que se le entregaron. Se dice que el Rey David regresaba a las cabras y a las ovejas en cada momento libre que tenía.

Existe un gran secreto aquí. Cuando algo ocurre, ya sea físico o espiritual, grande o pequeño, desafortunadamente todos nosotros recibimos cierta elevación. Para algunas personas, por ejemplo, es hacer dinero, para otros es tener una nueva posición, pero en cualquiera de los caso, cambiamos. Nos volvemos personas diferentes (porque ahora somos líderes o ahora tenemos dinero). Esto es un error muy grande y también uno muy peligroso.

Lo que hizo grande al Rey David fue el hecho de que, incluso después de volverse rey, él nunca cambió. Si despertabas a David a mitad de la noche y le preguntabas: “¿Quién eres, cuál es tu esencia?” él respondía: “Soy un pastor”. A pesar de que David era rey, a pesar de tener Inspiración Divina y que todos lo buscaban por su liderazgo, él sabía que en su esencia era un pastor (y esto es algo que todos nosotros olvidamos). En el Midrash, basado en uno verso de los Salmos, se dice que el Rey David le dijo a Hashem, el Creador: “Mi corazón no se elevó para nada cuando Samuel me ungió para que fuera rey. Mis ojos no comenzaron a ver cosas más elevadas cuando maté a Goliat. Y nunca sentí que caminaba entre cosas majestuosas o grandes personas. Más bien mi alma estaba siempre en silencio. Mi espíritu nunca se elevó de esa forma”.

Una buena manera de describir esto es que en nuestro mundo utilizamos ropas, nos disfrazamos. Si una persona se coloca un traje de payaso, esto no lo hace un payaso a menos que sea gracioso. Sabemos que los trajes no cambian quiénes somos. Para el Rey David los ropajes que se colocaban sobre él (los ropajes de liderazgo, de reino, de sabiduría, de Inspiración Divina) nunca fueron él. Y por ello, él podía no sólo mantener, sino también hacer crecer su conexión con la Luz del Creador. El Rey David fue el Rey David no por algo que hubiese logrado, sino porque sin importar qué le ocurriera, nunca cambió quien era en su núcleo.

Si somos honestos con nosotros mismos, nos daremos cuenta de lo mucho que hemos permitido cambiar el ser buenos a causa de lo más estúpido e insignificante que ocurren en nuestras vidas. Nos comportamos de manera diferente. Interactuamos de manera diferente. Nos permitimos tratar a otros de manera diferente. A causa de todo esto, nuestras acciones cambian inmediatamente con cada cambio externo que nos ocurra, y cada una de esas capas que nos colocamos nos desconectan de la Luz del Creador.

Existe un entendimiento incluso más profundo para esto.

En la porción de esta semana cuando los israeliitas cayeron tan terriblemente y Moisés quiso protegerlos y le dijo al Creador: “Recuerda a Abraham, a Isaac y a Jacob. Despierta su Luz. Y a través de su Luz protege a los israelitas”.

Los Kabbalistas enseñan que tenemos la habilidad de atraer asistencia de los justos a través del concepto llamado zejut avot, el mérito de Abraham, Isaac y Jacob y todas las almas justas que vivieron antes que nosotros, y de esta forma podemos conectar con la Luz que revelaron y traerla a este mundo. Existe también el concepto llamado brit avot, el lazo del Creador y los Patriarcas. El secreto de brit avot es que Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y el rey David vivieron sus vidas sin cambiar nunca sus esencias. Nunca cambiaron quienes eran en sus núcleos. Nunca cambiaron con todas estas capas que eran puestas sobre ellos, y por esto, su conexión con la Luz del Creador siempre se mantuvo.

En esta porción, el Creador le dice a Moisés: “Olvídate de estas personas. Déjame destruirlos. Y a partir de ti, Moisés, creare una nueva nación.” ¿Qué quiere decir esto? Esta era la prueba para comprobar si Moisés se veía a sí mismo mejor o más elevado que los israelitas caídos. Si lo hacía, entonces no podía traer esta conexión de brit avot, este lazo que viene únicamente a las almas a partir de las almas que nunca cambiaron. Por ende, cuando el Creador le pregunta a Moisés por qué no destruimos a estas personas y comenzamos una nueva nación a partir de ti, él dijo no. Porque él sabía que no era mejor que ninguno de ellos.

Moisés, quien también comenzó como un pastor, se dio cuenta que en su núcleo, al igual que el Rey David, siempre fue un pastor. Él era el líder para el mundo, era el más grande profeta que jamás vivió, y sin embargo ninguna de estas cosas lo representaban. Él permaneció simple e inmutable, por lo cual pudo atraer la gran protección de brit avot en este Shabat.

Uno de los grandes regalos por el cual debemos rogar en este Shabat es, primero, por entender que todos los cambios que hemos permitido, que son tanto ridículos por un lado pero escalofriantes y peligrosos por otro, nos desconectan de la Luz del Creador. La única forma de estar verdaderamente conectados a la Luz del Creador es aprender del Rey David y de Moisés. No debemos cambiar quienes éramos cuando vinimos a este mundo por primera vez, antes de comenzar a ponernos estas capas sobre nosotros mismos, porque cada una de esas capas nos desconectan de la Luz del creador.

Por supuesto, sabemos que la Kabbalah se trata de cambio, pero del cambio real ¿Cuál es el cambio real? romper todos los cambios ridículos que ya hemos atravesado, y regresar al simple y verdadero ser que éramos antes, así como el Rey David y Moisés eran pastores. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y el rey David estaban conectados a la Luz del Creador, no por ninguna de las capas que estaban sobre ellos, sino porque sin importar qué ocurriera en el exterior, nunca cambiaron. Es un gran secreto y, probablemente, una de las cosas más difíciles de hacer. Pero es la única forma de crear una verdadera, duradera y siempre creciente conexión con la Luz del Creador.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg

Este es el día que el Creador hizo

“Este es el día que el Creador hizo, estaremos con júbilo y alegría en él”. –Salmos

Ya sea que estemos conscientes de ello o no, nuestro día y todo lo que ocurre en él puede ser dividido en dos categorías. Existen las partes que planeamos y salen de acuerdo a lo planificado; por lo general nos sentimos felices y disfrutamos estas partes. Y existen aquellas partes del día que no hemos planificado, los pequeños o grandes sucesos imprevistos, usualmente más allá de nuestro control y que generalmente no disfrutamos. Estas partes pueden ser tan pequeñas, como alguien sacándonos del camino, o algo más grande como la cancelación de un vuelo el cual estaba destinado a llevarnos a una reunión muy importante.

Los kabbalistas tienen una perspectiva completamente diferente sobre estas dos partes de nuestro día, una perspectiva que si estamos dispuestos a entender y vivir, puede cambiar nuestras vidas. Ellos enseñan que si estamos intentando llevar una vida espiritual que pueda acercar nuestra alma a su estado elevado (el propósito por el cual el alma viene a este mundo) nunca podemos estar seguros de si nuestros propios planes de hecho nos llevarán a ese estado. Nunca podemos estar completamente seguros de que el plan que hacemos para el día es el mejor para nosotros ya sea en términos físicos o espirituales.

La otra parte de nuestro día es la parte que no planeamos pero que llega a nosotros de todas formas, o mejor dicho, la parte que el Creador planeó y realizó para nosotros. Si deseamos llevar a cabo el propósito de nuestra alma y atraer las bendiciones que están destinadas a manifestarse en nuestras vidas, entonces es esta parte del día la que debería hacernos más felices. Podemos tener la certeza de que las partes del día que el Creador planeó para nosotros nos cambiarán en la forma en que lo necesitamos, y estos momentos nos están acercando más al propósito por el cual vinimos a este mundo.

Con este entendimiento vemos por qué las partes más importantes y alegres de nuestros días deberían ser aquellas que no planeamos. Si estamos dispuestos a entender esta enseñanza y vivirla, podemos cambiar nuestros días y nuestras vidas. El Rey David escribió en los Salmos: “Este es el día que el Creador hizo, estaremos con júbilo y alegría en él”, queriendo decir que él había alcanzado el nivel en el cual las partes de su día de mayor júbilo y alegría no eran las situaciones que él planeó, sino las que vinieron a él. Él podía ver y sentir que estás eran las mejores partes del día, y por ende, era más feliz con ellas.

Unas cuantas semanas atrás me encontraba en Miami para una charla y tenía una reunión en Boca Ratón a las 12 p.m. Siempre intento estar a tiempo para las reuniones, así que distribuí el tiempo para tener 15 minutos para bajar al estacionamiento y buscar el auto y 45 minutos para manejar hasta mi destino. Este plan me habría hecho estar a tiempo para mi reunión. A las 11 bajé al estacionamiento, no había más nadie allí así que estaba seguro que mi auto llegaría en unos cuantos minutos. A las 11:15, cuando el auto aún no había aparecido, le pregunté al valet cuál era el motivo de la demora. Me dijo que no me preocupara, que el auto llegaría en poco tiempo. Luego de pasar otros 15 minutos, ahora eran las 11:30, me dirigí de nuevo al valet. Aunque me aseguró que el auto llegaría en poco tiempo, me pude dar cuenta de que estaban teniendo problemas ubicándolo.

Para las 11:45 y sin el auto en el lugar me preguntaba si tenía algún sentido ir a Boca, lo más temprano que podía llegar sería una hora después. Sentí la frustración y la decepción trepando pero antes de que pudiese caer en estas emociones me recordé a mi mismo esta enseñanza, me dije: “Esta es la parte del día que el Creador ha creado para ti, esta es la mejor parte de tu día”. Luego de pensar en esto una y otra vez, no sólo pude estar de acuerdo con este plan “echado a perder”, sino que de hecho pude disfrutarlo y estar feliz.

Entender esta enseñanza no es tan importante como vivirla y tener la habilidad de recordarla cuando nuestros planes se enreden y cuando ocurra lo que no planeamos. Es más importante poder disfrutar esos momentos y darnos cuenta que son la mejor parte de nuestros días y de nuestras vidas, porque provienen del Creador.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg

Mantener la frescura

Como siempre, existen muchas lecciones en esta porción, pero hay

un punto que me gustaría tocar antes de adentrarnos en la enseñanza, una conciencia que es importante que tengamos durante este Shabat. El nombre de la porción, Trumá, literalmente significa “elevar”; sin embargo, los kabbalistas nos dicen que se está refiriendo también al secreto de la teshuvá, traducido como “arrepentimiento”, pero se refiere de hecho a la transformación.

El Baal Shem Tov y muchos de sus estudiantes hablan acerca del hecho de que antes que una persona realice cualquier acción en la que quiera revelar Luz, ya sea estudiar u orar, primero tiene que hacer teshuvá. Tiene que haber un minuto, cinco minutos, o incluso hasta 30 segundos antes de que la persona comience a orar, estudiar o conectar con el Zóhar, en los que vaya a través del proceso de teshuvá y encuentre algo dentro de él/ella que necesite cambiar. Ellos enseñan que si una persona no atraviesa este proceso antes de cada acción o conexión es casi mejor que no realice esa conexión en primer lugar. De hecho, se dice que en esencia el Creador nos dice que ni nos preocupemos en estudiar si primero no atravesamos el proceso de teshuvá. Por ende, mientras te diriges a realizar tus conexiones en este Shabat, recuerda esta enseñanza y toma un poco de tiempo antes de cada conexión para hacer teshuvá.

La porción de esta semana habla sombre la construcción del Tabernáculo, o el Mishkán, y los diferentes aspectos de éste. Se dice que en el Tabernáculo había una mesa, y en la mesa se encontraban 12 barras de pan horneado.

Algo hermoso que los kabbalistas enseñan aquí es que al final de la semana no sólo las barras de pan continuaban allí, sino que también seguían tan calientes y frescas como lo estaban en el momento en que salieron del horno. Entonces hay todo un proceso involucrado en el que el Creador le dice a los kohanim, los sacerdotes, que le muestren a todos los israelitas este pan, ya que es importante que ellos lo observen.

¿Por qué era importante que lo observasen? Porque es aquí donde yace la enseñanza de que cualquier cosa que permanezca cerca de su Fuente nunca envejece.

El mayor problema que la mayoría de nosotros tenemos en todas las áreas de nuestras vidas es que las cosas se vuelven viejas y aburridas, por ejemplo: en las relaciones, en nuestro trabajo espiritual, en nuestro trabajo físico. Existe siempre una emoción inicial, y luego con el tiempo, se vuelve viejo. Pero los kabbalistas enseñan que cualquier cosa que permanezca cerca de su Fuente nunca se vuelve viejo. En cada momento hay un espíritu de novedad, de nueva Luz que proviene del Creador, y esta era la razón por la cual el pan en el Mishkán siempre permanecía cálido, porque permanecía conectado a la Luz del Creador. Ese es el secreto del pan del Tabernáculo.

¿Cómo mantenemos las cosas cerca de, y conectadas a, la Fuente, la Luz del Creador? A través de nuestra conciencia. Las cosas se vuelven viejas porque la conciencia del hombre, la cual es la conciencia de lo que me pertenece sobre la cual hablamos la semana pasada, nos separa del Creador. Todo lo que tomamos, y que por ende separamos de la Luz Creador, tiene que envejecer. No existe manera en la que una relación, nuestro trabajo espiritual, nuestro trabajo físico, o cualquier cosa que hagamos, permanezcan emocionantes y nuevas mientras que, en nuestra conciencia, se vuelvan nuestras. Porque cuando en nuestra conciencia se vuelven nuestras, el Creador las deja ir. Entonces, el entendimiento que recibimos a partir de aquí es que las cosas envejecen cuando las tomamos. Y si las tomamos, las hemos separado de su Fuente… y por ende se vuelven frías y viejas.

Tenemos que pensar en todos aquellos aspectos de nuestras vidas, todo aquello que es realmente importante para nosotros, y reconocer cuánto de ello hemos tomado para que sea nuestro, y darnos cuenta de que cualquier cosa que hayamos tomado en nuestra conciencia no puede nunca ser nueva otra vez, y tendrá que envejecer. Si una persona observa su trabajo espiritual como suyo, sus bienes materiales como suyos, su trabajo físico como suyo, y no está recordando constantemente que verdaderamente le pertenecen al Creador, entonces estas cosas tienen que envejecer.

Algunos dirán que era un milagro que las barras de pan en el Mishkán permanecieran calientes, pero hay algo interesante que nos dice lo contrario; existen momentos específicos en el que los kabbalistas cuentan diferentes milagros que ocurrieron tanto en el Mishkán como en el Beit HaMikdash, el Santo Templo. Sin embargo, este no es uno de ellos. Que el pan permaneciese tan caliente y fresco como si fuese recién horneado luego de una semana de permanecer en la mesa no se cuenta como un milagro.

¿Por qué?

Porque no es un milagro, es naturaleza. La naturaleza real es que cuando las cosas provienen del Creador, y permanecen en las manos del Creador mientras las usamos, continúan cálidas. Siguen siendo emocionantes. Continúan siendo nuevas. Pero en el instante en el que las tomamos, el Creador dice: “OK, lo has tomado de mis manos” y es en ese momento cuando se vuelve viejo. Tenemos que recordar que inicialmente todo proviene del Creador; la mano del Creador viene y nos da todo a nosotros.

Por ende, el entendimiento, el regalo que queremos tomar de este Shabat es observar nuestras vidas y ver cuánto hemos agarrado, ´cuanto hemos tomado de las manos del Creador. Si no hoy, entonces mañana, el siguiente mes o el siguiente año, tenemos que entregarlo todo en las manos del Creador o estas cosas envejecerán. Tenemos que recordar el hermoso secreto de las barras de pan en la Mishkán y siempre tener esa conciencia de “dejarlo en el tabernáculo”. Es la única forma en la que cualquier cosa en nuestras vidas pueda permanecer contantemente cálida, nueva y emocionante.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg

El robo espiritual

El robo espiritual
Mientras que la porción de la semana pasada fue la Revelación en el Monte Sinaí, la porción de esta semana es una discusión sobre lo que parecerían ser leyes mundanas y muy poco espirituales. El Creador le dice a Moisés: “Estas son las leyes que deberás colocar delante de ellos”. De lo primero que se habla es sobre la compra de un esclavo. Desde la perspectiva literal, sabemos que hace miles de años la esclavitud era algo común. Pero continúa sin tener sentido que la primera discusión después de la Revelación en el Monte Sinaí comience con un concepto de esclavitud.

Como los kabbalistas enseñan, cuando las cosas en la Torá no tienen sentido, es allí donde los más grandes secretos están escondidos. Por ende, el secreto de esta porción es una gran revelación, y nos da un verdadero entendimiento sobre lo que Moisés realmente estaba hablando.

Esta porción se refiere a un esclavo como un ladrón que es atrapado pero que no puede pagar de nuevo lo que hurtó, y por ello se convierte en un esclavo de la persona de la cual robó. La clave aquí se encuentra en entender el secreto espiritual del robo. Cuando hablamos sobre el hurto en su concepto fundamental, nos referimos a una persona que cree que cualquier cosa es suya, su dinero, sus pertenencias, su crecimiento espiritual, sus conexiones espirituales. Cuando una persona tiene la conciencia de “estas cosas me pertenecen”, está robando. ¿Por qué? Porque la verdad es que todo es de la Luz. Nada es nuestro.

Si somos honestos con nosotros mismos, estaremos de acuerdo en que la mayoría de nuestros pensamientos a través del día están basados en este concepto de lo que me pertenece. ¿Por qué nos enfadamos? ¿Por qué discutimos con otras personas? Porque pensamos: “esto me pertenece, estás tratando de quitármelo”, o, “no estás tratando lo que me pertenece de la manera correcta”. Casi toda discusión y toda forma de negatividad que viene a la vida de una persona se basan en este concepto de lo que me pertenece. Y los kabbalistas enseñan que este es el tipo de robo al cual se refiere la porción de esta semana.

Con este entendimiento, ahora nos damos cuenta que robamos todo el tiempo. La mayor parte de nuestras vidas está basada en este hurto, y de hecho, la conciencia de lo que me pertenece es la fuente de toda duda o preocupación en nuestras vidas, porque nos separamos a nosotros mismos del Creador. Ese hurto en la conciencia también roba nuestra fuerza y poder. La fuerza innata que cada uno de nosotros está destinado a tener nos es arrebatada cuando nos separamos del Creador.

Ahora intentemos entender qué significa cuando dice que este ladrón, el cual somos nosotros, es vendido como esclavo; somos los esclavos que son vendidos cada día. El secreto de la venta a la que se refiere es la enseñanza de que cuando robamos en nuestra conciencia, nos separamos del Creador, y por ende no podemos recibir Luz, sustento y las bendiciones del Creador de manera directa… Porque hemos decidido que estamos separados, y el Creador sigue nuestra dirección. Por ende, no puede existir un embudo directo de Luz, abundancia y bendiciones del Creador hacia nosotros, y por tal motivo creamos la necesidad por un intermediario.

Ahora, aquí yace una gran enseñanza: cuando en la Torá dice que el ladrón es vendido como esclavo a otro individuo significa que nosotros, al decidir estar separados del Creador, no podemos recibir de Él por más tiempo, y así creamos la necesidad de que exista un intermediarios que reciba las bendiciones del Creador y luego nos las dé a nosotros. Hablando en términos prácticos, es lo mismo que ocurre cuando la sanación tiene que venir a través de un doctor, o como la asistencia tiene que venir a través de un abogado. Este es entonces un gran secreto de la porción de esta semana, como nosotros robamos primero, y por ende creamos la necesidad de ser vendidos a alguien más como un intermediario que nos dé sustento y cubra nuestras necesidades.

Es importante que tomemos el tiempo antes de este Shabat, o en este Shabat, para pensar sobre cuánto de nuestra vida está basado en lo que me pertenece. Tenemos que estar claros que el robo en nuestra conciencia hace que las dudas y las preocupaciones entren, así se desvanece nuestra fuerza, y así la Luz del Creador no puede venir de manera directa a nosotros.

Ese es el secreto de la venta del esclavo. Nosotros somos los esclavos. Nosotros somos los ladrones. Somos quienes diariamente hacemos las cosas para no poder recibir directo la Luz y las bendiciones del Creador. No hay forma de regresar al ser perfeccionado a menos que continuamente peleemos esta conciencia. No podemos eliminar el dolor, el sufrimiento y la muerte del mundo, tanto individual como colectivamente, mientras continuemos aferrados a lo que me pertenece.

¿Cómo corregimos esta conciencia de lo que me pertenece? La mayoría de las personas piensan que la respuesta sería dejarlo ir todo. Pero los kabbalistas nos dicen que de hecho es lo contrario. Dice en la Torá que cuando te conviertes en esclavo debes trabajar por seis años. El Zóhar explica que existe un secreto del por qué dice seis años: Yesod, o Yosef. El Zóhar revela que la palabra kol, que significa “todo”, es la palabra código para el nivel espiritual, o sefirot, de Yesod. La conciencia de Yesod es la de recibirlo todo. Cuando podemos decir, no con palabras sino en la conciencia: “sé que nada de esto es mío, pero quiero todo en este mundo para así poder dar a otros”, es allí cuando puedes tenerlo todo. En una paradoja… Sólo puedes tenerlo todo cuando no tienes nada.

Así que cuando eres un esclavo de esta conciencia de lo que me pertenece, como lo somos todos, la Torá nos da el secreto de cómo corregirlo: conviértete en Yesod, la paradoja de que únicamente a través de remover el concepto de lo que es mío una persona puede tenerlo todo, kol.

Cuando nuestra conciencia es aquella de nada me pertenece, entonces podemos llegar al nivel de Yesod, como Yosef. Yosef controló todo el dinero en el mundo porque poseía la conciencia de que nada era suyo, y se convirtió en la personificación de Yesod, la personificación de kol, todo. Y es allí a donde estamos destinados a llegar. No significa que con esta conciencia digamos: “nada me pertenece y no quiero nada”. Más bien, decimos: “nada me pertenece, y por ello lo tendré todo”.

No vinimos a este mundo simplemente a remover nuestro ladrón espiritual, también vinimos a transformarlo a través de entender que el propósito de todo lo que tenemos es sólo una forma de darle a otros. Entonces, y sólo entonces, lo puedes tener todo.

Uno de los secretos del Shabat Mishpatim es reconocer que somos ladrones y esclavos, y que mientras permanezcamos con esta conciencia de lo que me pertenece, experimentaremos dudas y preocupaciones, pérdida de fuerza y la inhabilidad de recibir directamente del Creador. Sin embargo, si podemos trabajar con estas enseñanzas (romper consistentemente la conciencia de lo que me pertenece y consistentemente desear recibir sólo para que podamos compartir) entonces, y solamente entonces, podemos llegar al nivel de Yesod y tenerlo todo.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg

Abrir las puertas de la sanación

Nos acercamos a un Shabat muy importante, el Shabat de Los 72 Nombres de Dios. La cantidad de escritos de los kabbalistas que ofrecen revelaciones emocionantes sobre esta porción es abrumadora. Hay mucho sobre lo cual podríamos hablar, pero existe una enseñanza en particular que me gustaría compartir; una enseñanza sobre la cual no se habla generalmente, y por ende, es importante para nosotros entenderla para poder recibir la tremenda Luz y las bendiciones a las cuales podemos acceder esta semana. Necesitamos profundizar nuestra conciencia sobre una muy grande Luz secreta que está disponible en este Shabat para todos nosotros, la Luz de la sanación.

En la historia literal sabemos que los israelitas habían dejado Egipto, y los egipcios los perseguían intentando matarlos. Llegaron al Mar Rojo, el Yam Suf, y básicamente estaban arrinconados sin tener un lugar al cual ir. El Zóhar revela que Moshé utilizó el poder de Los 72 Nombres de Dios para realizar el gran milagro de abrir el Mar Rojo. Lo que debemos reconocer, sin embrago, es que lo que Moshé hizo en aquel entonces no fue sólo para esa época, sino para todas las épocas, abrir las puertas para que nosotros nos conectemos y atraigamos la Luz y el poder de los milagros en nuestra vida. Un milagro de este tipo es el de la sanación.

Hay un versículo muy interesante en la porción de esta semana. El Creador dice: kol hamajalá asher samti bemitsrayim lo asim aleja, lo que significa: “Todas las enfermedades que existieron en Egipto, todas las enfermedades de este mundo, no las colocaré sobre ti”. Ki ani Hashem rofeja, “porque yo, el creador, soy tu sanador”.

Ambos versos son aparentemente paradójicos. La primera parte dice: “nunca estarás enfermo”. La segunda parte dice: “Yo te curaré”. Así que ¿cómo entendemos el secreto de este versículo? Si el creador necesita ser nuestro sanador, eso quiere decir que existe algo malo. Sin embargo, si nada estará mal, como Él promete al principio del versículo, ¿Por qué el final del versículo dice: “yo seré tu sanador”?

La realidad es que, en relación a una enfermedad, la raíz del padecimiento yace dentro de nosotros incluso antes que comienza a crecer. Si pudiéramos frenarla en la primera semilla, antes de que se manifieste, entonces sería fácil sanar. Pero desafortunadamente, en este punto la semilla está escondida. Y esa es la paradoja. Cuando resulta más fácil sanar, es desconocida. Cuando es más difícil, entonces se vuelve visible. Pero los kabbalistas explican que existe una forma de sanar en este punto desconocido a nivel de la semilla, y es uno de los regalos emocionantes disponibles en este Shabat.

Una persona puede pedir a la Luz del Creador, específicamente durante este Shabat, venir y sanar dentro de él o ella la enfermedad que ni siquiera existe todavía o está en las etapas tempranas de desarrollo, jas veshalom. Podemos pedir a la Luz del Creador venir dentro de la jalá que comemos y el agua que bebemos en este Shabat, para sanar lo que existe únicamente en el ADN o en estado potencial. Podemos pedir que con el agua y el pan de este Shabat, esas enfermedades potenciales sean removidas, que el pan y el agua nos sanen de las cosas que no han sido reveladas aún.

Ese es el secreto del versículo. No manifestarás la enfermedad. ¿Por qué? Porque pedirás y recibirás, específicamente en este Shabat, la sanación para eliminarla a nivel de semilla. Pides al Creador que te sane de todas las enfermedades potenciales al nivel de sus semillas, antes de que se manifiesten.

Los kabbalistas nos enseñan que, debido a la tremenda Luz que se revela en este Shabat, ocurre también un segundo aspecto de sanación. No es específicamente porque el Creador quiera sanarnos en este Shabat, más bien es porque durante este Shabat, la Luz Celestial es revelada en su totalidad. La Luz brilla hacia todos lados. Está tan plenamente revelada que cuando conectamos con ella, todo es sanación, y hay vida total y competa. Los Mundos Superiores tienen un enorme deseo de satisfacer toda carencia, toda necesidad, todo deseo, y por consiguiente, la totalidad de la Luz del Creador puede entrar para sanar todas las áreas de nuestras vidas.

Cuando existe una de las más grandes aperturas para milagros a través del año, como existe en este Shabat, no sólo se abren las puertas de la sanación para nosotros, sino que podemos también pedir que otras puertas que está bloqueadas (como el sustento, por ejemplo) sean abiertas ahora. Las puertas están completamente abiertas para los milagros, y podemos pedir que cualquier carencia o necesidad nuestra o de otros, ahora o en el futuro, sea satisfecha por el Creador.

De nuevo, este es un Shabat poderoso, con una interminable cantidad de lecciones y entendimiento. Pero más importante, debemos recordar que las puertas están plenamente abiertas. A través de la gran revelación de la Luz del Creador, podemos llevar sanación, y podemos traer sustento para cada necesidad. Tenemos que entender que la mayoría de nosotros no va a recibir toda la Luz que está disponible; debemos trabajar, despertar, y utilizar las herramientas que tenemos para maximizar las puertas que están abiertas para nosotros… Y al hacerlo, que todos consigamos el mérito en un grado cada vez mayor de recibir esa tremenda Luz.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg


¿Cuánto aprecio les tienes a las bendiciones en tu vida?

Pienso que la mayoría de nosotros diría que apreciamos nuestros regalos, pero me gustaría despertarte a una apreciación más profunda y significativa.

Los kabbalistas enseñan que la apreciación por nuestras bendiciones actuales crea la vasija dentro de la cual las siguientes bendiciones que deseamos atraer pueden manifestarse. Esto también significa que el grado de nuestra apreciación determina la calidad y cantidad de bendiciones que podemos atraer. Es claro entonces que resulta importante empujarnos a nosotros mismos a despertar consistentemente una apreciación cada vez mayor.

Hace más de 3000 años existió un poderoso y prospero rey. Su nombre fue David. Encuentro su vida y cómo lidió con sus desafíos algo muy inspirador. Como rey, claramente tenía todas las posesiones materiales que pudiera desear. Aún así, encontramos algo bastante peculiar en la forma en la que se refería a sí mismos en sus escritos; una y otra vez escribió: “ya que soy pobre y necesitado”. ¿Cómo podemos entender esta perspectiva que tenía de sí mismo?

Lo que David quiso decir era que cuando veía lo que se merecía o lo que había ganado, él creía que no merecía nada. Por ende, estaba sumamente agradecido y apreciaba hasta el obsequio más pequeño que tenia, incluso el hecho de tener ropajes para vestir. A esto se refería al decir que era pobre, queriendo decir: no he ganado nada, y por eso todo lo que tengo es un regalo gratuito por el cual estoy extremadamente agradecido.

Este es el más alto nivel de apreciación. Un entendimiento constante de que nada está garantizado: ni el hecho de despertarnos en la mañana, tampoco el hecho de tener nuestra familia y amigos, y ni siquiera el hecho de tener comida para alimentarnos y ropa para vestirnos. Este nivel de apreciación no es natural para nosotros y necesita ser desarrollado. Cuando creces en este sentido, comienzas a experimentar la vida con mucho más júbilo. Lo que es más importante, permites que más y mayores bendiciones se manifiesten en tu vida.

Para comenzar este proceso, detente varias veces al día e imagina que no tienes nada, y despierta la apreciación hasta por lo básico que tienes en la vida. Aprecia que tienes ropa para utilizar y comida para comer. Luego piensa en las mayores bendiciones que tienes y despierta una mayor apreciación por ellas.

Pregúntate a ti mismo: ¿Soy una persona más agradecida el día de hoy de lo que era la semana pasada, el mes pasado? Si permanecemos consistentemente en este crecimiento entonces podremos recibir más y mayores bendiciones.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg

Responsabilidad

En los Estados Unidos sufrimos una tragedia hace un mes. Veinte niños y seis adultos fueron asesinados. Si eres como yo, querías ver los reportajes en las noticias pero no podías ver esas hermosas caras sin llorar y sentir un profundo dolor y tristeza. Es en momentos como estos que escuchas declaraciones indicando “esto lo cambia todo”, “nada será igual de nuevo”. Desafortunadamente, la historia nos ha enseñado que estos sentimientos se viven en corto tiempo y que el cambio real por lo general no acompaña dichas tragedias. Pero algunas veces lo hacen y es por ello que siento que este mensaje es importante.

El debate ya ha comenzado con respecto a qué legislación y cuáles leyes deberían ser promulgadas para asegurar que este tipo de tragedias no vuelvan a ocurrir nuevamente. Por supuesto, no existe ningún acuerdo entre las diferentes partes de este debate, pero el conflicto parece haber llegado a tres esquemas: las armas, la cultura (películas, videojuegos) y el sistema de salud mental. Por supuesto que estos esquemas son importantes y esperamos en Dios sean controlados. Pero, yo creo que el problema más importante no ha sido discutido lo suficiente. Ese problema es nuestra responsabilidad los unos por los otros.

Muchos de nosotros conocemos la historia de la revelación de la Torá (la biblia) en el Monte Sinaí. Para algunos es el advenimiento de la tradición Judeo-cristiana. Para otros es simplemente un sistema de leyes dadas por Dios para que el hombre las siga. Pero los kabbalistas tiene una perspectiva única en lo que ocurrió realmente en el desierto del Sinaí miles de años atrás y, más importante aún, con qué propósito. Ellos enseñan que previo a la revelación en Sinaí, Moisés le preguntó a las más de dos millones de personas si asumirían la responsabilidad por el cuidado y las necesidades de todos los demás. Y sólo después que este grupo de personas aceptó la responsabilidad recíproca por cada uno de ellos, ocurrió la revelación en Sinaí. Y ellos enseñan que esta aceptación de responsabilidad fue el verdadero aspecto importante de lo que ocurrió.

Esto quiere decir que en el núcleo de lo que conocemos como religión o espiritualidad está tan importante enseñanza, debemos aceptar la responsabilidad por nosotros, por nuestras familias, por nuestros amigos, por nuestra comunidad y por nuestro mundo. Si pensamos que somos religiosos pero no tenemos este sentido de responsabilidad entonces hemos perdido la enseñanza básica a partir de la cual vino nuestra religión.

Hay una hermosa sección en el libro de Isaías en la cual Dios a través de sus profetas respondió a la pregunta: “por qué Dios no responde nuestras oraciones” o como está escrito “¿por qué ayunamos y tu (Dios) no lo notaste?”. La respuesta es que en aquel entonces como ahora las personas olvidaron el propósito de la religión y la realidad de la vida. “… da comida al pobre, y morada al empobrecido, cuando veas a un hombre desnudo, vístelo… entonces tu Luz brillará como el amanecer y tu sanación vendrá rápidamente… entonces cuando llames, Dios escuchará, cuando llores Él dirá: estoy aquí”. Así como nos comportemos con otros nos ocurrirá a nosotros. Si estamos allí cuando otros estén en necesidad, entonces cuando lo necesitemos seremos escuchados. Este proceso de aceptar la responsabilidad es la razón por la cual estamos en este mundo. Y sólo cuando cada uno de nosotros asuma esta responsabilidad nuestro mundo podrá cambiar y se evitarán grandes tragedias.

Piensa en un mundo en el que la mayoría de las personas estén atentas y listas para ayudar cuando vean una necesidad, cuando vean una carencia. Uno puede imaginar entonces que la mayoría del dolor y el sufrimiento puede ser eliminado. Este es el mundo por el que debemos luchar y trabajar. Debemos comenzar a vernos como individuos responsables. Desafortunadamente, de manera inconsciente muchos de nosotros (al igual que los hermanos bíblicos decían sobre ellos mismos) “somos culpables por ver a nuestros hermanos en agonía cuando nos rogaban por ayuda pero no los escuchamos, por ende esta tragedia ha venido sobre nosotros”.

La elección ya no es una opción. Nuestro mundo está tan interconectado. Somos tan dependientes y estamos tan interconectados como sociedad que no hay duda de que si continuamos minimizando nuestra responsabilidad, entonces sentiremos los efectos.

Existe una historia en el Zóhar de dos hombres en un bote y uno ve a su amigo haciéndole un agujero. El hombre por supuesto comienza gritarle que deje de hacerlo, el amigo respondió: “qué te importa, sólo estoy abriendo el agujero en mi lado” Su amigo le respondió: “estúpido hombre, estamos en el mismo bote, ambos sobrevivimos o perecemos juntos”. Así que mientras crece nuestro mundo cada vez más interconectado, las elecciones desaparecen, o comenzamos a llevar una vida de responsabilidad o comenzamos a sentir carencia y dolor de otros incrementarse en nuestras vidas.

La solución no es simplemente hacer una acción o algunas cuantas que ayuden a quienes necesiten asistencia física, espiritual o emocional. Lo que se necesita es un cambio real en cómo vemos nuestras vidas y nuestro propósito como ciudadanos responsables de este mundo. Por supuesto, con asumir la responsabilidad todos encontraremos formas consistentes en las cuales podemos cuidar a otros y vivir nuestra responsabilidad.

Sé que el mundo cambiará, nuestra elección es que esto ocurra en nuestro tiempo de vida o en la siguiente generación, y cuántas tragedias más tendrá que sufrir nuestro mundo para que despertemos a esta responsabilidad. Pero no te equivoques, el cambio vendrá, es nuestra responsabilidad asegurarnos que este cambio ocurra temprano y no tarde.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg

Entender la oscuridad frente a nosotros

Previo a la porción de esta semana, las primeras 7 plagas (las cuales representaban el control sobre las siete Sefirot de abajo o los siete niveles de negatividad de abajo) fueron desatadas. En este Shabat vemos al Creador desatar las tres últimas plagas, y de tal modo, remover los tres niveles más fuertes y más difíciles de vencer o las primeras tres Sefirot de negatividad; las cuales representaban para nosotros aquellos aspectos de nuestro trabajo espiritual y de nuestro Deseo de recibir para nosotros mismos que son mucho más difíciles de transformar.

El Zóhar explica que el relato de Moisés, el Creador y el Faraón no se trata de un evento histórico. Se refiere de hecho a la batalla que cada uno de nosotros tiene con las fuerzas de la oscuridad y con las fuerzas de la negatividad (las cuales son llamadas “Faraón”). También nos explica que cada una de las plagas fueron de hecho procesos para romper las fuerzas de la negatividad y exhumar la Luz que las sostenían; una vez que quitamos la Luz que sostiene a las fuerzas negativas, estas ya no tienen el poder para crear oscuridad o negatividad.

En el Zóhar, Rav Shimón nos revela que Moisés estaba atravesando su propio proceso espiritual y explica la razón detrás de la primera palabra que el creador expresa en la porción de esta semana. La Parashá comienza con un llamado del Creador hacia Moisés de “Ven al Faraón”. Pero lógicamente pensaríamos que lo que el Creador debería decirle a Moisés es: “Ve al Faraón” ¿verdad? La palabra utilizada es “Bo”, la cual se traduce como “ven”, esto significa dos cosas, que el Creador irá con Moisés hacia el Faraón o que el Creador está llamando a Moisés para que vaya junto con Él hacia el Faraón. Así que, ¿por qué dice “ven al Faraón” en vez de “ve al Faraón”?

Cuando leemos en la Torá la historia literal, no tenemos un verdadero entendimiento de lo que ocurre a nivel espiritual detrás del escenario. Moisés había creído, hasta este punto, que con la asistencia de la Luz del Creador, él tenía el poder de ganar la batalla por sí mismo. Él había creído que con la asistencia de la Luz del creador, tenía el poder de ganar la batalla por todos los israelitas de aquel entonces contra las fuerzas de la oscuridad y la negatividad. Como estudiamos en Kabbalah, la certeza es importante. No tener dudas y no tener miedo es importante. Moisés estaba en ese lugar; no tenía temor. Él tenía certeza en que, con la asistencia del Creador, poseía el poder para pelear en contra de las fuerzas de la negatividad.

Pero el Creador no está de acuerdo con eso… no está contento con eso como veremos.

El Creador viene y esencialmente le dice a Moisés: “Tu no entiendes contra lo que estás luchando. No entiendes las fuerzas de la oscuridad dentro de ti y dentro de este mundo, fuerzas contra las cuales debes batallar”. Y el Creador, como explica Rav Shimón, lleva a Moisés hacia las “habitaciones dentro de habitaciones” para mostrarle cuán poderosas son las fuerzas que él está tratando de vencer, enseñándole la enorme fuente del poder del Faraón y la raíz de las fuerzas de la oscuridad y la negatividad.

Moisés no se había dado cuenta de la batalla que tenía frente a él, y una vez que se le mostró esta visión del enorme poder que tiene el lado Negativo, se llenó de temor. El Zóhar dice que se llenó de tanto temor que dijo: “No puedo hacerlo. No puedo pelear esta batalla. Estoy muy asustado, incluso como para acercarme”. En el momento en el que el Creador vio a Moisés atemorizarse, se explica que fue el momento en el cual el Creador dijo: “Yo pelearé, yo venceré al Faraón”.

¿Por qué? Porque sólo el Creador tiene el poder y la habilidad para luchar esta batalla y vencer a las fuerzas de la Negatividad. Nadie más. Él nos está enseñando que mientras tenemos esta falsa certeza en nosotros mismos, la cual la mayoría de nosotros tenemos, detenemos de hecho la Luz del Creador de venir a la batalla.

Esto nos da una herramienta importante, si la tomamos, para nuestro trabajo espiritual. La única razón por la cual la mayoría de nosotros cree que tenemos la habilidad de pelear esta batalla contra nuestra propia oscuridad y que tenemos la habilidad de transformarnos a nosotros y al mundo por nuestra propia cuenta, es porque no tenemos verdadera conciencia o conocimiento de las fuerzas contra las cuales estamos peleando. Al igual que Moisés, debemos reconocer cuán difícil es la batalla que estamos tratando de luchar.

Pensamos que podemos hacerlo nosotros mismos, o nosotros con la asistencia de la Luz del Creador, porque realmente no entendemos la batalla que está frente a nosotros. El problema es que el Creador está listo a cada instante para venir y vencer toda la oscuridad que se nos avecine. Pero no se lo permitimos, y tener la conciencia de: “puedo hacerlo con la asistencia de la Luz del Creador” es lo que detiene a la Luz del Creador de venir a vencer las fuerzas de la negatividad (tal vez creamos que podemos hacer un 60% y necesitamos que el Creador haga el 40% restante, o que podemos hacer un 80% y necesitamos que el Creador haga el restante 20%).

Así que uno de los grandes regalos que tenemos que pedir poder recibir en este Shabat es llegar a darnos cuenta verdaderamente de que no podemos hacerlo. Podemos hacer un poco. Podemos hacer pequeñas cosas. Podemos traer algo de Luz a nuestras vidas. Pero no podemos lograr la remoción final y completa de la fuerza de la fuente de la oscuridad y del caos en nuestras vidas y en el mundo. En el momento en que llegamos a este punto, así como Moisés, el Creador viene y da la batalla por cada uno de nosotros. La Luz del Creador está esperando. Él quiere venir y pelear contra la oscuridad. Él quiere vencer todas las fuentes de nuestro caos. Pero no lo dejamos, porque nuestro ego es muy fuerte.

Era importante para Moisés que se le mostrara que la certeza que pensaba que tenía era falsa, ya que sólo al darse cuenta de ello la totalidad de la Luz del creador vendría a vencer a “Faraón”, a las fuerzas de Negatividad. Y por ende nosotros, al igual que Moisés, debemos darnos cuenta que tampoco podemos hacerlo por nosotros mismos. La batalla final, la realización final, la remoción final del dolor, el sufrimiento y la muerte, es imposible de alcanzar por nosotros mismos, y uno de los propósitos de la porción de esta semana es despertar esa conciencia. En el momento en el que realmente lleguemos a este entendimiento, sólo en ese momento, el Creador puede venir con el 100% de la totalidad de la Luz para pelear la batalla contra la negatividad.

Bendiciones y Luz,
Michael Berg